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agosto 8, 2026 3 min de lectura
Sociedad

Reflexiones sobre el duelo: la ausencia de un hijo y el silencio que lo rodea

Despedirse de un hijo es un proceso para el cual ningún padre está preparado. Sin embargo, el silencio y la falta de espacios de apoyo suelen complicar aún más esta profunda pérdida. La muerte de un hijo altera el orden natural de la vida y afecta no solo a los padres, sino también a la familia, amigos y el sistema de salud. En Bolivia, el duelo por la pérdida de un hijo continúa siendo un tema poco visible, con escasos espacios de acompañamiento que permitan a las familias compartir su dolor.

Paula Miras, una maestra catalana que perdió a su hijo Blai, de solo dos años y cinco meses, se dio cuenta de que, tras su pérdida, lo que realmente necesitaba era escuchar a otros padres que habían vivido experiencias similares. Buscando testimonios, creó el pódcast "Un día más", donde familias que han padecido esta devastadora experiencia comparten sus historias para brindar apoyo a quienes están enfrentando el mismo camino. Su relato pone de manifiesto una realidad que, aunque atraviesa fronteras, también resuena profundamente en el contexto boliviano.

El duelo, a menudo, es un proceso que se vive en soledad y que se agrava por la incomprensión del entorno. Muchas veces, los amigos y familiares evitan mencionar al niño fallecido por temor a causar más dolor, pero Paula enfatiza que recordar a su hijo es fundamental para seguir adelante. Esta situación es similar en Bolivia, donde prevalecen frases que intentan consolar pero que, en lugar de ayudar, pueden hacer que quienes están de luto se sientan aún más incomprendidos.

El duelo no solo afecta a los padres, sino que también impacta a otros miembros de la familia, como abuelos y hermanos, cada uno enfrentando el dolor de manera diferente. Esta diversidad en la expresión del duelo puede generar conflictos y malentendidos dentro del hogar. Por ello, es crucial que las familias aprendan a respetar los tiempos y modos de cada uno en el proceso de sanación.

Además, la muerte de un hijo viene acompañada de un cúmulo de trámites administrativos que las familias deben afrontar. Paula relata el sufrimiento que sintió al lidiar con la burocracia mientras trataba de sobrellevar su dolor. Esta experiencia es común en Bolivia, donde las largas gestiones administrativas pueden resultar abrumadoras en un momento de gran fragilidad emocional.

Los expertos en duelo sugieren que el apoyo a las familias no debería limitarse al momento de la pérdida, sino que debería extenderse a través de un seguimiento psicológico continuo. Entre las recomendaciones para quienes desean apoyar a quienes están en duelo, se encuentra el no evitar hablar del niño fallecido, ofrecer ayuda concreta y entender que el proceso puede tomar su tiempo, respetando así los ritmos de cada individuo.

Paula Miras ha transformado su dolor en un espacio de apoyo y visibilidad para otros, mostrando que, aunque el duelo puede ser un tema incómodo, es fundamental abrir diálogos sobre la pérdida de un hijo. En Bolivia, es esencial que se impulse un cambio cultural que permita abordar el duelo infantil como una cuestión de salud pública, ayudando a las familias a sentir que no están solas en su lucha y que sus seres queridos siguen siendo recordados.

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