Tarija: Desafíos en turismo y oportunidades en el ámbito cultural
El departamento de Tarija, conocido como la cuna política del presidente Rodrigo Paz, ha sido el escenario de múltiples anuncios sobre el turismo como motor central de desarrollo regional. En febrero de 2026, el presidente anunció la llegada de delegaciones empresariales de Europa para explorar el Carnaval tarijeño como una plataforma para futuros proyectos de inversión turística a partir de 2027. Durante los feriados prolongados de ese año, las autoridades reportaron una ocupación hotelera casi total en Tarija, similar a la de Santa Cruz, en el marco de un gasto turístico nacional que superó los 450 millones de bolivianos.
Sin embargo, los datos anuales del Instituto Nacional de Estadística revelan que el número de visitantes que se hospedan en Tarija no está mostrando un crecimiento sostenido. En 2019, el departamento recibió 100.210 visitantes, cifra que cayó a 33.219 en 2020 debido a la pandemia y se recuperó de manera gradual, alcanzando 88.551 en 2023 y 87.364 en 2024. No obstante, en 2025, el número de visitantes descendió a 64.443, marcando una caída del 26,2% en comparación con el año anterior, lo que representa la mayor reducción entre todas las ciudades capitales del país en ese periodo, quedándose en el 64,3% del nivel previo a la pandemia.
Mientras el turismo se desacelera, el sector cultural experimenta un auge. De acuerdo con estimaciones derivadas de la Encuesta de Hogares, el número de trabajadores en actividades artísticas y recreativas en Tarija creció de 551 en 2020 a 2.361 en 2025, multiplicándose por 4,3 en el mismo período en que el turismo se contrajo. Este aumento en el empleo cultural parece no depender del flujo turístico, lo que deja sin respuesta la pregunta sobre sus causas, que podrían estar vinculadas a ferias locales o eventos como la Vendimia Chapaca.
El Plan Territorial de Desarrollo Integral del departamento, vigente hasta 2020, indica que aproximadamente el 46% de la población del Valle Central de Tarija está involucrada en actividades turísticas, que generan más de diez millones de dólares anuales, aunque representan solo el 2% del producto interno bruto del departamento. El nuevo plan, que se extiende hasta 2026, prioriza el turismo, especialmente la Ruta del Vino y la Reserva de Sama, como eje de recuperación económica, a pesar de que las iniciativas de diversificación turística no han mostrado resultados efectivos hasta el momento.
El crecimiento del empleo cultural también se ha observado en Cochabamba, donde entre 2020 y 2022, se multiplicó por 6,6, alcanzando 11.822 trabajadores, consolidándose como el tercer departamento en empleo cultural del país. Asimismo, el empleo cultural en áreas rurales ha pasado de ser marginal a representar alrededor del 10-11% del total en 2024 y 2025, coincidiendo con el aumento del debate institucional en La Paz sobre el cierre del ministerio, aunque no hay evidencia que vincule directamente ambos fenómenos.
Además, la proporción de mujeres en el empleo cultural ha mostrado una variabilidad considerable, oscilando entre un 17,7% y un 33,1% en diferentes años, lo que sugiere la falta de una política pública consolidada de equidad de género en el sector. Estos cambios en el ámbito cultural, en Cochabamba, la ruralización del empleo y las fluctuaciones de género no han sido parte del debate público sobre el cierre del ministerio, evidenciando un vacío en la discusión que merece ser abordado.