La política en Bolivia: Un legado que persiste
La obra 'Veinte años después' de Alejandro Dumas (padre) relata el reencuentro de los tres mosqueteros para una misión secreta, un relato que, aunque considerado aburrido, nos invita a reflexionar sobre el contexto boliviano actual, un año tras la salida del MAS del poder.
El periodo de gobierno del MAS ha sido un capítulo complejo de nuestra historia, donde, pese a algunos avances en inclusión social y derechos constitucionales, se han evidenciado graves problemas como el abuso de poder, la corrupción y la manipulación de instituciones clave en el país.
Con la llegada de Rodrigo Paz Pereira a la presidencia el 8 de noviembre de 2025, se alzó la esperanza de un cambio significativo en la política nacional. Sin embargo, transcurrido un año, podemos observar que la nueva administración ha perpetuado muchos de los vicios de su antecesora.
La concentración de poder en el Ejecutivo se ha intensificado, con la promulgación de decretos que limitan el rol del Legislativo y manipulan el Judicial, un fenómeno que el historiador Pierre Rosanvallon ha criticado, señalando que esto socava la democracia.
Asimismo, el actual gobierno ha tomado decisiones cuestionables, como la eliminación de ministerios cruciales y el manejo errático del sistema educativo, lo que ha generado renuncias de altos funcionarios que se sienten frustrados por la falta de dirección.
La corrupción, que fue una mancha en el mandato del MAS, parece haber encontrado su lugar en la administración actual, con denuncias que apuntan a prácticas corruptas y un manejo oscuro de recursos públicos.
A pesar de la desilusión, existe la posibilidad de avanzar hacia una 'contrademocracia', un concepto que propone fortalecer la democracia de manera inclusiva, con la participación activa de la ciudadanía y nuevos partidos políticos que desafíen la corrupción y la desconfianza generadas por las élites actuales.
La historia reciente de Bolivia nos ofrece lecciones críticas sobre lo que no se debe repetir si se desea un futuro democrático genuino. El papel activo de la ciudadanía será fundamental para romper con ciclos de demagogia y corrupción en la política.