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agosto 28, 2026 2 min de lectura
Cultura

Esteban Prudencio y el legado olvidado de un archivo colonial en el Chaco

Esteban Prudencio, un cineasta originario de Tarija, ha dedicado su labor a investigar la intersección entre las culturas andina y chaqueña-amazónica. Su más reciente proyecto, 'Turín, 1898', se basa en el archivo franciscano y el enigmático personaje de Doroteo Giannecchini, abordando un episodio poco recordado de la historia de las comunidades guaraní-chiriguanas del Chaco boliviano.

Este documental experimental, que fue presentado el 25 de agosto en el Museo Franciscano de Tarija y luego en Macharetí, busca no solo contar una historia, sino más bien invocar memorias y reflexionar sobre los fantasmas del pasado. La obra se nutre de investigaciones previas y documentos históricos que revelan una compleja relación entre colonizadores y comunidades indígenas.

Prudencio detalla que su interés por el tema surgió mientras trabajaba en el proyecto 'borde chiriguano', donde ya vislumbraba la posibilidad de desarrollar el viaje a Turín y la figura de Giannecchini de manera independiente. La investigación se vio impulsada por la publicación del libro que compila los escritos del misionero italiano, escritos que permanecieron en el olvido durante más de un siglo.

Un hallazgo significativo en su investigación fue una carta de 1920 donde una mujer, identificada como María Gatti, menciona haber viajado a Europa con Giannecchini. Este documento, aunque ofrece pocos detalles sobre el viaje, se convierte en una de las escasas evidencias de la experiencia vivida por los indígenas en ese momento.

A lo largo de su exploración, Prudencio se dio cuenta de que la historia de los cinco chiriguanos que fueron a Turín no forma parte del imaginario colectivo de las comunidades actuales. En contraste, la figura de Apiaguaiki Tumpa, líder indígena en la resistencia contra la colonización, sigue siendo un símbolo poderoso y recordado entre los pueblos del Chaco.

El enfoque del documental se aleja de una narrativa convencional y busca más bien evocar sensaciones y reflexiones sobre el colonialismo. Prudencio se esfuerza por dar voz a los relatos de culturas que han sido marginadas y por cuestionar hasta dónde llega la memoria colectiva, encontrando un delicado equilibrio entre el archivo escrito y la historia viva que se despliega en el territorio.

En este sentido, el trabajo de Prudencio no solo recupera un episodio olvidado de la historia boliviana, sino que también invita a los espectadores a reconsiderar la manera en que se documenta y se recuerda el pasado, abriendo un diálogo sobre los legados culturales y la identidad de los pueblos originarios.

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