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agosto 30, 2026 2 min de lectura
Sociedad

El poder de la comensalidad en la salud mental

La práctica de compartir comidas, conocida como comensalidad, tiene un impacto significativo en la salud mental, disminuyendo el riesgo de problemas como la depresión y la demencia. Este antiguo ritual humano puede mejorar el placer de comer y potencialmente prolongar la vida, lo que va más allá de cualquier dieta moderna.

De acuerdo con Jan-Emmanuel De Neve, especialista en economía y comportamiento en la Universidad de Oxford, la comensalidad crea lazos de confianza y conexión entre las personas, lo cual es esencial para nuestro bienestar emocional. Sin embargo, el aislamiento creciente en la sociedad moderna dificulta que esta práctica se mantenga.

Un estudio realizado por investigadores de China, que incluyó encuestas a 9,361 mujeres mayores de 60 años, mostró que el número de personas que comparten la mesa durante las comidas es un predictor clave del riesgo de depresión. Este hallazgo se mantuvo incluso después de considerar factores como la salud general y la situación económica.

Investigaciones realizadas en Tokio también respaldan esta conclusión, ya que demostraron que las personas de entre 65 y 74 años que vivían con su familia pero comían solas mostraban un riesgo cinco veces mayor de desarrollar síntomas de depresión en comparación con aquellas que compartían sus comidas con otros.

Hallazgos globales sobre la felicidad y la comensalidad

El Informe Mundial de la Felicidad, patrocinado en 2024 por Ajinomoto, incluyó preguntas sobre los hábitos de comida que revelaron una correlación directa entre la cantidad de comidas compartidas y la satisfacción vital de las personas, sugiriendo que este aspecto social puede ser tan relevante como la situación laboral y los ingresos.

De Neve destaca que el acto de compartir comidas podría reflejar la vida social de una persona, aunque también sospecha que existe un valor único en la comensalidad. Este concepto está profundamente arraigado en diversas culturas, como lo demuestra la etimología de la palabra "compañero" en inglés, que significa "con pan".

Robin Dunbar, antropólogo de la Universidad de Oxford, sugiere que el acto de comer activa el sistema de endorfinas, lo que puede reforzar los vínculos creados durante las comidas, fomentando así una conexión más profunda entre las personas.

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