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septiembre 17, 2026 2 min de lectura
Economía

Del “mar de gas” de Sánchez al de Paz Pereira

Ocho años después de que Luis Alberto Sánchez mencionara la existencia de hasta 1.000 TCF de recursos no convencionales en Bolivia, el presidente Rodrigo Paz Pereira ha vuelto a resaltar el potencial gasífero del país, estableciendo comparaciones entre Montecristo-9 y el yacimiento argentino Vaca Muerta. La novedad en esta ocasión es que Bolivia está experimentando con una nueva tecnología.

La frase “mar de gas”, que había caído en desuso, fue utilizada por Sánchez durante su gestión como ministro de Hidrocarburos, donde en 2018 aseguró que Bolivia poseía alrededor de 1.000 TCF de recursos no convencionales, en comparación con 132 TCF de recursos convencionales, a pesar de que las certificaciones oficiales indicaban solo 10 TCF en descenso. Aunque Sánchez precisaba que estos recursos requerían inversiones para convertirse en reservas, nunca se abordó ampliamente el tema del fracking.

Durante un evento en Okinawa Uno, Paz Pereira afirmó que la estructura del pozo Montecristo-9 presenta características similares a las del yacimiento argentino, sugiriendo que Bolivia podría tener un potencial equivalente. También mencionó que la implementación de esta tecnología podría facilitar el desarrollo de hasta 90 campos, requiriendo una inversión futura de aproximadamente 1.600 millones de dólares.

Este enfoque simplificado por parte del presidente encierra una innovación significativa: por primera vez, Bolivia, bajo la gestión de YPFB, está probando tecnología para extraer hidrocarburos de formaciones de baja permeabilidad, un concepto que se asocia a la fractura hidráulica, reabriendo el debate sobre el antiguo “mar de gas”.

YPFB ha comenzado las operaciones de estimulación del pozo Montecristo-9 desde el 14 de agosto, buscando determinar la viabilidad técnica y económica de la explotación, y si los resultados son favorables, se podría aplicar la tecnología en otras formaciones similares. Sin embargo, la comparación con Vaca Muerta plantea interrogantes sobre la efectividad de esta experiencia en Bolivia, dado que el desarrollo de dicho yacimiento argentino requirió años de inversión y aprendizaje tecnológico, además de un marco regulatorio y ambiental que en Bolivia aún debe ser considerado.

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