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septiembre 28, 2026 2 min de lectura
Economía

Bolivia se prepara para recibir fondos del FMI tras reformas económicas

Después de la eliminación de la subvención al diésel y la ampliación del Estado de Excepción, el gobierno boliviano aguarda la llegada de fondos del Fondo Monetario Internacional (FMI) para poner en marcha su plan de estabilización económica. La transición hacia este nuevo esquema de financiamiento comenzó hace dos semanas, cuando se firmaron acuerdos clave con el FMI.

Desde la aprobación de la ley que permite este financiamiento, el presidente Rodrigo Paz Pereira ha estado en negociaciones en diferentes foros internacionales, incluyendo la Asamblea General de la ONU, buscando asegurar la aprobación y agilización del préstamo de 1.900 millones de dólares por parte del FMI.

Expectativas de financiamiento adicional

No obstante, el presidente también ha mencionado un ambicioso plan que incluye hasta 10.000 millones de dólares en financiamiento de diversas instituciones, como el CAF y el BID, lo que superaría la deuda externa acumulada de Bolivia hasta el 2025. Estas gestiones, si se concretan, estarían destinadas a proyectos de infraestructura y desarrollo productivo.

Sin embargo, la población ya está sintiendo el impacto de la eliminación de la subvención al diésel, cuya nueva tarifa establecida asciende a Bs 17,95 por litro, un aumento considerable respecto a los Bs 9,80 anteriores. Esta medida ha generado reacciones en sectores como el transporte y el comercio, que comienzan a ver afectados sus costos operativos.

De acuerdo con la Central Obrera, el aumento en el precio del combustible afecta directamente los costos de producción y transporte, lo que a su vez podría impactar en el precio de los alimentos y otros bienes de consumo.

El programa del FMI tiene un horizonte de 36 meses y busca no solo estabilizar la economía nacional, sino también mejorar la capacidad de financiamiento del país. La implementación de medidas de racionalización del gasto y protección social se perfila como una prioridad para minimizar el impacto sobre los sectores más vulnerables de la población.

El desafío más grande que enfrenta el gobierno será convertir estos fondos en inversión real que genere empleo y producción, en lugar de utilizarlos únicamente para cubrir déficits fiscales. Las voces del sector empresarial apuntan a la necesidad de reformas que fomenten la confianza e incentiven las inversiones en el país.

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