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octubre 20, 2026 2 min de lectura
Mundo

El impacto devastador de la ketamina en la juventud galesa

Se prevé que entre 2024 y 2025, alrededor de 264.000 personas de entre 16 y 59 años en Reino Unido consumirán ketamina de manera ilegal. La demanda de tratamiento por trastornos relacionados con esta droga ha crecido exponencialmente, multiplicándose por doce en la última década.

Megan Harmes, quien comenzó su relación con la ketamina a los 14 años, está en proceso de reconstruir su vida tras sufrir complicaciones severas en su vejiga, que la llevaron a depender de pañales a los 22 años. Su historia es emblemática de un problema más amplio que enfrenta la juventud moderna.

La organización benéfica Kaleidoscope ha reportado un aumento significativo en las derivaciones a su centro de rehabilitación. En 2021, solo dos personas buscaron ayuda por consumo de ketamina, mientras que en lo que va de este año ya han atendido a 112 pacientes.

Un estudio realizado por la Universidad del Sur de Gales está investigando las necesidades específicas de los jóvenes afectados por el uso creciente de la ketamina. Los daños físicos que provoca esta droga son más rápidos en comparación con otras sustancias, lo que ha obligado a los servicios de salud a adaptarse a un público más joven.

El confinamiento durante la pandemia contribuyó a la normalización del consumo de drogas entre los jóvenes. Megan, por ejemplo, comenzó a usar ketamina con mayor frecuencia mientras trabajaba desde casa, encontrando en ella una forma de lidiar con sus trastornos mentales.

A lo largo de su adicción, Megan enfrentó la pérdida de su trabajo y problemas severos de salud, incluyendo la necesidad de usar pañales, lo que para ella fue un golpe devastador a su dignidad. Sin embargo, su paso por el centro de rehabilitación le ha permitido ver un destello de esperanza.

Jo Moore, directora del centro de rehabilitación Birchwood, comenta que la accesibilidad y bajo costo de la ketamina han contribuido a su uso frecuente entre los jóvenes. Desde 2014, esta sustancia ha sido clasificada como una droga de clase B, lo que la convierte en ilegal para su consumo en el país.

La situación actual revela que, aunque se está tomando conciencia y se están implementando programas de educación para prevenir el consumo, el desafío persiste con un número creciente de personas que requieren atención a largo plazo debido a sus problemas de adicción.

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