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octubre 24, 2026 3 min de lectura
Sociedad

La tarea de hablar sobre el cáncer con los más pequeños

Cuando un diagnóstico de cáncer llega al hogar, la vida familiar puede transformarse de manera abrupta. Las visitas médicas, pruebas, decisiones sobre tratamientos y gastos inesperados se convierten en parte de la nueva realidad. En este contexto, muchos padres se preguntan si es mejor informar a los niños sobre la situación o mantenerlos al margen para protegerlos del sufrimiento.

A menudo, la intención de ocultar la enfermedad surge del deseo de proteger a los niños de la tristeza y el miedo. Sin embargo, ellos son capaces de percibir cambios en el ambiente: se dan cuenta de las preocupaciones de los adultos, escuchan conversaciones y notan silencios inquietantes. Sin una explicación clara, pueden llenar esos vacíos con sus propias interpretaciones, llegando incluso a pensar que la enfermedad es de alguna manera su culpa.

La pedagoga Indira Retuerto aconseja ofrecer una explicación apropiada para la edad del niño, evitando detalles médicos complejos. La sinceridad y la apertura a futuras preguntas son fundamentales. No es necesario abarcar todo de una vez; lo importante es que el niño pueda expresar lo que siente y preguntar lo que necesite saber.

En Bolivia, el cáncer es una preocupación significativa. Datos del Ministerio de Salud indican que entre 2016 y 2025, el país ha registrado más de 103.500 casos nuevos de varios tipos de cáncer y más de 31.500 fallecimientos. Esto incluye 10.348 casos de cáncer de mama en la última década. Detrás de cada cifra hay una realidad que impacta a familias enteras, muchas de las cuales deben reorganizar sus vidas en función de la enfermedad de un ser querido.

Es crucial hablar con los niños sobre la enfermedad de manera clara y directa. En lugar de usar eufemismos como "mamá está malita", es preferible explicarles que "la abuela tiene cáncer y los médicos están trabajando en su tratamiento". Los niños pequeños requieren explicaciones breves, mientras que los más grandes pueden estar interesados en detalles sobre tratamientos y efectos secundarios, siempre ajustando la información a sus preguntas y evitando abrumarlos.

También es primordial preparar a los niños para los cambios que puede traer el tratamiento, como la posible caída del cabello o el cansancio. Es recomendable anticipar las modificaciones en la rutina familiar, como quién los llevará al colegio o si podrán visitar al familiar hospitalizado, de manera que se sientan seguros y comprendan que los cambios no son consecuencia de un desamor.

Finalmente, es esencial mantener la normalidad en la vida cotidiana. Los niños deben continuar con sus actividades escolares y recreativas, pues esto les brinda estabilidad. La comunicación constante y comprensiva entre los adultos y los niños es vital para enfrentar juntos esta dura etapa, permitiendo que el niño se sienta querido y acompañado, sin cargar con las preocupaciones de los adultos.

Las familias que enfrentan el cáncer también deben cuidar su bienestar emocional. Hablar abiertamente sobre sus propios miedos y emociones ayuda a crear un espacio seguro donde los niños puedan expresar lo que sienten. Es importante que no se conviertan en los consoladores de los adultos, sino que mantengan su derecho a estar tristes o asustados, y que sientan que sus sentimientos son válidos.

Al final, la manera de abordar la enfermedad varía en cada familia. Algunas eligen hablar directamente desde el inicio, mientras que otras necesitan tiempo para procesar la información antes de compartirla. Lo fundamental es no dejar a los niños solos con sus inquietudes, permitiéndoles participar en la conversación de acuerdo a su edad y comprensión.

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