El desafío de YPFB en la recuperación del gas: entre oportunidades y precauciones
Desde enero de 2025, la producción de gas en Bolivia se ha mantenido en 27 millones de metros cúbicos diarios, una cifra que representa menos de la mitad de los niveles alcanzados en 2015. A su vez, la producción de hidrocarburos líquidos sigue siendo baja, rondando los 22.000 barriles diarios. Este nuevo panorama parece haber encontrado un punto estable tras una larga caída, aunque se distancia notablemente de los tiempos de mayor esplendor del sector.
Según el Viceministerio de Exploración y Explotación de Hidrocarburos, hasta mayo se habían recaudado 69 millones de dólares en regalías y participación del Tesoro General. El incremento en el precio del petróleo en el segundo trimestre, especialmente con el WTI superando los 100 dólares en abril, ha ofrecido un respiro a los ingresos relacionados con los hidrocarburos, aunque el efecto real se ve condicionado por los volúmenes producidos y las condiciones de venta.
En cuanto a la producción regional, Tarija se mantiene como el mayor productor de gas, aportando 11,64 millones de metros cúbicos diarios, lo que equivale a más del 43% de la producción nacional. Además, contribuye con 8.230 barriles de petróleo y 3,50 toneladas de Gas Licuado de Petróleo. Sin embargo, su predominancia ha disminuido con el tiempo, dado que otros departamentos, como Santa Cruz, han incrementado su producción. Santa Cruz, por ejemplo, está generando 10,25 millones de metros cúbicos de gas diario, impulsada por el desarrollo del megacampo Incahuasi.
A pesar de su importancia, el panorama para Tarija se ha transformado. Los grandes campos de gas han visto caer su producción, y la dependencia de la región de este recurso se ha vuelto más compleja. El campo principal de Tarija, Margarita-Huacaya, produce 4,21 millones de metros cúbicos de gas, mientras que otros campos históricos han caído considerablemente en sus aportes.
Las expectativas sobre el campo Mayaya Centro, ubicado en la zona norte de La Paz, han surgido como una posible solución a esta problemática. YPFB ha estimado un recurso de 1,7 trillones de pies cúbicos de gas, con una inversión proyectada de 403 millones de dólares para su desarrollo. Sin embargo, los expertos advierten que aún queda un largo camino por recorrer antes de que este proyecto pueda traducirse en producción efectiva.
La situación de la Reserva Nacional de Flora y Fauna Tariquía plantea un dilema significativo. Aunque se busca recuperar la producción hidrocarburífera, diferentes sectores argumentan que esta área no debería ser vista como una solución sencilla frente a la declinación de los campos tradicionales. La importancia ambiental de Tariquía debe ser considerada en las decisiones, ya que comprometer su integridad podría acentuar la dependencia de los hidrocarburos en lugar de resolverla.
Bolivia enfrenta una etapa crítica en su sector hidrocarburífero. No es suficiente con anunciar nuevos hallazgos; es imperativo que el país avance en la perforación, certificación de reservas y construcción de infraestructura para atraer inversión. La responsabilidad de proteger lo que es valioso para el futuro del país debe equilibrarse con la necesidad de avanzar hacia un horizonte más sostenible y menos dependiente de los recursos no renovables.