Reflexiones sobre la evaluación de directivos en el sistema educativo
Recientemente recordamos la experiencia vivida durante el examen de institucionalización para directivos del sistema educativo en Bolivia, bajo la Convocatoria Pública N° 0001/2023. Aquellos que participamos en esta evaluativa nos encontramos en una carrera contra el reloj, ya que la convocatoria se lanzó el 24 de septiembre y el examen estaba programado para el 11 y 12 de noviembre de 2023.
Con solo 49 días para prepararnos, tuvimos que equilibrar nuestras responsabilidades como educadores mientras nos enfrentábamos a una bibliografía abrumadora. Más de 30 documentos, que abarcaban desde la Constitución Política del Estado y la Ley Educativa 070, hasta normativas específicas sobre diversos temas educativos, sumaban fácilmente más de 1000 páginas.
Ante tal desafío, muchos de nosotros optamos por estudiar de la manera que podíamos: leyendo rápidamente, subrayando partes clave, participando en charlas organizadas por diversas entidades y tratando de retener fechas y conceptos importantes. Sin embargo, el resultado fue poco alentador, ya que el examen parecía más un juego de azar que una verdadera prueba de nuestras competencias profesionales.
La crítica a la docimología y su aplicación en el examen educativo.
Esta experiencia trae a la mente las reflexiones de Henri Piéron y Lee Cronbach sobre la docimología, quienes cuestionaron la validez de este tipo de exámenes, enfatizando que los resultados no deberían depender de la suerte. Preguntas que diferenciaban términos como "días hábiles" de "días calendario" se convertían en trampas bajo la presión del tiempo, llevando a errores y confusiones.
A medida que nos preparamos para un nuevo proceso de institucionalización en el magisterio, es evidente que se requiere un análisis más profundo. No se trata de evitar los estándares, sino de reconocer que la selección de autoridades no puede depender únicamente de la memorización o del azar.
"Obligar a asimilar cantidades excesivamente densas de información en poco tiempo no conduce al objetivo de buscar los mejores perfiles profesionales", Angel Díaz-Barriga.
En conclusión, evaluar bajo la presión del tiempo y con una sobrecarga de información no solo desvirtúa el proceso de institucionalización, sino que también puede llevar a la selección inadecuada de profesionales que guiarán nuestro sistema educativo.