Un emotivo adiós a Ricardo
En este momento, mis palabras se dirigen especialmente a ti, Ricardo. Aunque podría referirme a ti como “monseñor”, prefiero evitarlo, ya que siempre estuviste más cerca de tus sacerdotes y de quienes compartieron tu fe y tu camino, lo que hacía innecesario el formalismo.
La despedida ha sido dura para todos, y en estos días han resonado muchos comentarios y recuerdos llenos de cariño. La noticia de tu partida fue un golpe difícil de asimilar. Sin embargo, la fe y la oración nos brindan consuelo, creyendo que Dios, en su infinita bondad, te ha recibido en su abrazo eterno.
La admiración y el afecto de la comunidad hacia ti han sido evidentes. Han surgido numerosas imágenes y anécdotas de aquellos momentos compartidos: conversaciones profundas, consejos sabios y abrazos reconfortantes en situaciones difíciles.
Tu esencia siempre fue la de compartir, sin prisa, ya sea en la mesa rodeado de amigos sacerdotes o conversando con jóvenes después de la confirmación. Tu compromiso se extendía también a las religiosas y a seminaristas, siempre alentando vocaciones y la fraternidad entre todos.
Recuerdo con cariño nuestra relación desde que te conocí en 2004, cuando eras vicario general de la arquidiócesis de Sucre. Mi primer encuentro contigo coincidió con mis inicios en la misión en Bolivia, y tengo presente el día de tu ordenación episcopal en Potosí, el 15 de septiembre de 2005.
En 2020, asumiste el cargo de arzobispo de Sucre en medio de la pandemia. A pesar de las dificultades, nunca dejaste de ser un obispo cercano, recordándonos la importancia de la fraternidad en nuestra cultura, algo que siempre instabas a tus sacerdotes.
Conservo un mensaje tuyo del año 2026, donde me deseabas un año lleno de motivación para seguir trabajando con los más vulnerables. Siempre te preocupaste por mis "chavales", como solías llamarlos, mostrando tu cariño por los adolescentes a quienes dedico mi labor pastoral.
Recuerdo una anécdota sencilla. Durante mis visitas al Hogar Sucre, donde comparto con adolescentes, a menudo coincidía contigo cuando salías. Cada saludo entre nosotros era el reflejo de una relación genuina y cálida. Ahora, enfrentamos el adiós definitivo, dejando un vacío en nuestros corazones, pero también un legado de amor y servicio.