La intensificación de El Niño: un fenómeno que inquieta a Bolivia y América Latina
La situación en el océano Pacífico se vuelve crítica, ya que el fenómeno de El Niño para el período 2026-2027 se ha afianzado. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) indica que se intensificará en los próximos meses, alcanzando su punto máximo hacia finales de 2026.
América Latina es una de las áreas más vulnerables a los efectos de este fenómeno, que se manifiestan en alteraciones en las precipitaciones, temperaturas, disponibilidad de agua y condiciones agrícolas. La OMM estima que existe una probabilidad cercana al 100% de que El Niño se mantenga activo hasta febrero de 2027, con una intensidad muy fuerte, lo que genera preocupación.
António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, ha alertado sobre la creciente intensidad del fenómeno y su relación con un aumento del riesgo de desastres naturales. Las aguas del Pacífico están experimentando un calentamiento inusual, lo cual es uno de los principales indicadores de El Niño.
La OMM ha reportado un incremento notable en la temperatura de la superficie del océano Pacífico ecuatorial. Recientemente, el índice Niño 3.4 pasó de una anomalía media de +1,5 °C entre mayo y julio a cerca de +2 °C en julio, alcanzando picos de +2,6 °C entre finales de julio y mediados de agosto. La NOAA también corroboró este fortalecimiento del fenómeno, con anomalías que superan los +3 °C en sectores del Pacífico ecuatorial oriental.
Los riesgos de El Niño en América Latina
Los impactos de El Niño son diversos y dependen de la región. En algunas áreas de Sudamérica, se prevén lluvias más intensas que podrían provocar inundaciones, mientras que en otras, la sequía podría ser una preocupación. La OMM enfatiza que un episodio fuerte puede alterar significativamente los patrones de lluvia, pero no garantiza que todos los países experimenten los mismos efectos.
Para Bolivia, el seguimiento de esta situación es crítico, especialmente para los sectores de agricultura, abastecimiento de agua y producción de energía. Los cambios en los patrones de precipitación pueden generar desafíos, aunque no se puede afirmar con certeza que el país enfrentará una sequía extrema. Las autoridades meteorológicas deberán estar atentas a la evolución de El Niño y otros factores climáticos.
Respecto a 2027, aunque se anticipa que El Niño podría influir en las temperaturas globales, sería prematuro declarar que será el año más caluroso de la historia. Los efectos del fenómeno podrían extenderse más allá de su pico entre noviembre y febrero. La OMM ha instado a preparar sistemas de alerta ante posibles eventos climáticos extremos, sequías e inundaciones en los meses venideros.