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julio 30, 2026 2 min de lectura
Sociedad

El legado de un gran comunicador: Yerko Guevara

Conocí a Yerko Guevara hace varios años, y desde el inicio supe que era una persona especial. En mis casi cuatro décadas en el ámbito del comercio exterior, tuvimos la oportunidad de trabajar juntos, él como un joven periodista destacado y yo como gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE). Su valentía y dedicación a la labor informativa fueron siempre admirables.

Yerko se caracterizaba por su humildad, que se mantuvo intacta a medida que adquiría experiencia en su carrera. Su estilo único y su capacidad para realizar reportajes complejos, a menudo desafiando el peligro, lo hicieron brillar con luz propia en el oficio. Agradezco a Dios por cada una de las entrevistas que realicé con él, donde compartimos no solo temas laborales, sino también sueños y preocupaciones más profundas que nos unían.

Nuestra amistad se forjó a través de conversaciones sinceras, y recuerdo que en más de una ocasión me pidió oraciones por su bienestar. Compartimos el compromiso de poner nuestras vidas en manos divinas, intercediendo el uno por el otro. A pesar de las luchas internas que enfrentaba, siempre mostraba una actitud optimista y amable.

Entre las anécdotas que compartimos, una era recurrente: cuando le daba respuestas largas durante las entrevistas, él recordaba la lección de un profesor sobre la precisión en la comunicación. Su frase memorable era: “Chocó, volcó, murió”, una manera divertida de recordarme la importancia de ser directo.

La noticia de su inesperado fallecimiento a los 48 años me dejó atónito. Apenas unas horas antes había estado conversando con él. Su partida generó un profundo pesar en colegas y amigos, quienes reconocieron su calidad humana y profesional. La tristeza que sentimos nos recuerda la fragilidad de la vida y cómo, a menudo, los buenos son los que se van primero.

En conversaciones sobre su partida, mi esposa y yo reflexionamos sobre el propósito divino de su vida y su muerte. Comprendemos que la vida es un regalo efímero, y su ausencia nos golpea con la dura realidad de que nunca más podremos compartir momentos simples, como un agradecimiento o una palabra de cariño.

La pérdida de Yerko es un recordatorio de que debemos valorar a quienes amamos y a quienes nos han dejado una huella profunda. Como dijo el sabio Salomón, es mejor visitar la casa del luto que la del banquete, porque en el duelo encontramos la oportunidad de reflexionar sobre nuestras vidas y las relaciones que construimos. Su legado perdurará en nuestros corazones y en el impacto que tuvo en el periodismo boliviano.

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