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julio 30, 2026 2 min de lectura
Economía

El sector vitivinícola de Tarija clama por atención gubernamental ante una crisis latente

Los vitivinicultores tarijeños han manifestado su descontento por la desatención que han recibido por parte de los diferentes niveles de gobierno. Esta situación se torna crítica, ya que la combinación de la crisis económica y el incremento en los costos de producción amenaza la continuidad de una de las actividades más significativas del departamento, la vitivinicultura, que no solo genera empleo, sino que también impulsa la economía local.

José Sánchez, representante de la Asociación Nacional de Vitivinicultores (Anavit), criticó la falta de medidas de apoyo específicas desde el Gobierno nacional, la Gobernación y los municipios. A pesar de la relevancia de esta industria en la economía de Tarija, no se han presentado acciones concretas para respaldar a los productores en este complicado contexto.

Sánchez subrayó la importancia de la vitivinicultura como motor económico en Tarija, involucrando a numerosos trabajadores en diferentes etapas del proceso, desde la siembra hasta la elaboración y venta de vinos, singanis y uvas. No obstante, lamentó que el aporte de este sector no sea reconocido en la planificación gubernamental, citando como ejemplo la reciente reunión programada entre la gobernadora María René Soruco y el presidente Rodrigo Paz, que no contempla la crisis del sector vitivinícola.

El dirigente criticó la falta de atención a su agenda vitivinícola, que ha quedado relegada a meras promesas políticas. "Nos sentimos invisibles, hemos presentado propuestas y no hemos recibido respuesta", reclamó Sánchez, quien enfatizó que más que subsidios, lo que necesitan son facilidades de crédito e inversión para mantener sus operaciones frente a la creciente presión de los costos de producción.

Los productores están lidiando con un aumento significativo en los precios de insumos esenciales, con incrementos que superan el 50%. Un ejemplo mencionado por Sánchez es el precio de las tijeras de poda, que ha pasado de 500 a entre 1.200 y 1.500 bolivianos. Otros insumos, como la totora utilizada en los viñedos, también han duplicado su costo.

La mano de obra especializada ha visto un aumento en sus tarifas, de 80 a 120 bolivianos, lo que encarece aún más el proceso de producción. Sin embargo, los pequeños productores se encuentran en una encrucijada, ya que no pueden trasladar estos aumentos al precio final de sus productos, debido a la disminución del poder adquisitivo de los consumidores. "No podemos aumentar el precio de la uva porque la gente simplemente no la comprará", advirtió Sánchez.

Además, criticó que las nuevas políticas económicas, como el ajuste del tipo de cambio del dólar, no incluyan estrategias que fortalezcan la producción nacional, dejando al sector vitivinícola aún más vulnerable ante estos desafíos.

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